Durante la administración del presidente López Obrador se puso de moda la consigna oficial de que la mejor política exterior es la política interior. El lema no era original, pues tuvo su origen en ideas y propuestas del siglo XIX, atribuidas al presidente Porfirio Díaz. No todos los sectores estuvieron de acuerdo con la propuesta de AMLO, al considerar que hubo una política exterior poco activa y concentrada fundamentalmente en la relación binacional con Estados Unidos. Otros sectores apoyaron esta idea, confirmando que en política las opiniones son diversas, discutibles y propias de debate.
La administración de la presidenta Claudia Sheinbaum ha dado un ligero giro a esta idea, en la medida en que o la política exterior de México viene ejerciendo un notable impacto en la política interior. Si bien la relación de México con Estados Unidos ocupa un muy alto porcentaje de la tarea internacional del país, la voz de México empieza a resonar nuevamente en los foros mundiales.
Un buen ejemplo es el llamado Acuerdo Global Modernizado entre Mexico y la Unión Europea, firmado a finales de mayo, el cual contempla la eliminación o reducción de aranceles; un mayor acceso a productos agropecuarios mexicanos y europeos; nuevas reglas sobre comercio digital, inversión y propiedad intelectual; compromisos en materia laboral, medio ambiente y derechos humanos; así como una mayor cooperación en seguridad, migración y cadenas de suministro.
Este ejercicio será de gran utilidad para los negociadores mexicanos que iniciarán trabajos destinados a la revisión obligatoria del T-MEC (“USMCA”) que sustituyó al TLCAN en 2020. Dicha revisión puede convertirse en una renegociación parcial o amplia. El gobierno de Estados Unidos ha planteado cambios importantes en cuanto a reglas de origen para la industria automotriz, el acero y otras manufacturas, temas sensibles para México, particularmente en lo relativo a las reglas automotrices, los aranceles al acero y aluminio, el contenido regional de los productos y la relación comercial de América del Norte con China.
El T-MEC va a influir en la política interior de México. Basta considerar las reformas laborales que México emprendió (democracia sindical), la implementación del voto secreto para elegir dirigentes y la creación de los tribunales laborales que ya funcionan. El T-MEC es un tratado internacional tripartita con efectos en la política interior mexicana en materia laboral, energía, inversión, regulación y desarrollo industrial. Así, la política exterior incide, sin duda, la política interna.